Posteado por: coloquios19 | agosto 7, 2008

Entrevista a Hugo Biagini (Universidad de Lanús /Academia de Ciencias / CONICET)

1) ¿Qué significa repensar el Siglo XIX? ¿Por qué repensarlo? ¿Por qué se dice que fue un siglo pensado de manera distorsionada y al mismo tiempo por qué puede brindar nuevas claves para interpretar el presente?

Debemos repensarlo por ambas razones. Más allá de las enfrentadas actitudes para periodizar el siglo XIX como tal, al mismo se lo distorsionó sectariamente: por un lado, al exaltarlo como el acmé de la humanidad, el punto más elevado al que había arribado la civilización, enmascarando su perfil colonialista y explotador;  por otro, desde las filas del tradicionalismo se impugnó el proceso de secularización e incredulidad subyacente en él, negándose la relevancia de los avances producidos en el plano tecno-científico y educativo.

En cuanto a las nuevas claves -emanadas de aquella época- para entender y reencauzar nuestra actualidad, está la hecatombe mundial que ha arrojado el predominio de un modelo análogo de modernización excluyente como el decimonónico, signado por lo que se llegó a calificar como la pobreza del progreso, lo cual incluía, entre otras lindezas, una densa carga racista y antirrevolucionaria. Contrario sensu, durante el crecimiento de los movimientos y agrupaciones populares se denunció la problemática social y se cuestionó la persistente equiparación entre democracia y libre empresa, la pretendida armonía entre el interés privado y el bienestar común junto al reverdecimiento de la conciencia americanista.

2) ¿Cómo toma contacto con la obra de Roig? ¿Qué podría comentar sobre los aportes de filósofo mendocino?

Primeramente, tuve la dicha de coincidir con él en un congreso efectuado en Alta Gracia hacia 1971, donde se introdujo la denominada filosofía de la liberación y en el cual don Arturo presentó un luminoso trabajo sobre Alberdi; más tarde,  pude contar con un magnánimo prólogo suyo a un librillo de mi autoría. En reiteradas ocasiones se han destacado las contribuciones roigianas al dominio intelectual: desde su polifonía hermenéutica y su andamiaje metodológico hasta la serie de fecundas nociones puntuales que se le han reconocido en distintos contextos. Aquí y ahora, en el mismo Diccionario del Pensamiento Alternativo, donde nuestro filósofo ha sido el autor más invocado de todos. Entre esas nociones específicas se hallan las de a priori antropológico, historicismo empírico, mediaciones, moral emergente, rearme categorial, segunda independencia, sujetividad… Un capítulo aparte lo constituye su capacidad para erigirse en maestro de vida y conocimiento, tal como lo refleja la pléyade de generaciones discipulares que lo han proseguido autonómicamente.

3) ¿Por qué pensar conjuntamente América Latina y Francia? ¿Cómo es posible esta tarea en común?

Por las convergencias que se han dado en momentos temáticos culminantes, entre ellos, el binomio revolución francesa / ciclo independentista, con su espíritu republicano y jacobino, del cual podemos desprender una de las mayores enseñanzas incumplimentadas para nuestra América: la de institucionalizar una nueva y dilatada nación, salvaguardando sus recursos y su pueblo sobre la base del patriotismo, la militancia política, los derechos humanos y la soberanía. Para no extenderme demasiado, señalo otro caso de cultura de la resistencia: el del movimiento reformista y el carácter auroral que alcanzaron diversas proposiciones y efectividades de la juventud universitaria latinoamericana en relación con la del mayo francés: el sueño como una instancia superior para explicar la realidad, el éxtasis vital, la ciudadanía suprarregional, la enseñanza como reproductora de desigualdad social, las redes intelectuales y sindicales, etc. Hoy día cabe resaltar ciertas misiones académicas cooperativas como las que ha establecido el propio Centro Franco Argentino bajo la conducción de Patrice Vermeren; misiones que se han ido extendiendo a otros países hermanos.

4) Por último, aprovechando la presentación del Diccionario de Términos Alternativos que Ud. compiló junto a Arturo Roig, ¿qué pensamiento alternativo, soslayado por la historiografía tradicional, es necesario rescatar en la actualidad?

Entre los asuntos más refractarios de la historiografía clásica –no exenta por cierto de trasfondo doctrinario– se encuentra el postulado de la neutralidad axiológica y la prescindencia afectiva del investigador, quien deberá mantener una máxima distancia frente al fenómeno en cuestión, como si solo se estuviera desmontando maquinarias. Ello no ha impedido que se plantearan fuertes dicotomías elitistas –cristianos o infieles, civilizados ó bárbaros, racionalidad nordatlántica ó impulsividad meridional–, privándose de voz a los sectores previamente sumergidos. El pensamiento alternativo, consustanciado con la esperanza y la función utópica, viene a demoler esas imperturbables antinomias opresivas y a comprometerse con las afirmaciones identitarias, acotando, según lo hemos desplegado en ese diccionario, una amplia gama de conceptos ad hoc: alteridad, asambleísmo, contrapoder, espacio público, multiculturalismo, negritud, neoindigenismo, pedagogía crítica, presupuesto participativo, sinergia social, transfronterización y muchos términos disruptivos más. En el fondo tratamos de mostrar cuán lejos podemos ubicarnos del vacío existencial inveteradamente atribuido a estos territorios irredentos; un vacío que ha sido reinsuflado por una mercadofilia lobotomizadora frente a la cual hemos desarrollado dicho repertorio analítico, sin soslayar el giro plebeyo y emancipatorio  experimentado durante los últimos años en nuestro continente.

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